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Aprendiendo algo más sobre las mantas eléctricas

Prácticamente antes de que nos demos cuenta se habrán marchado los últimos días del verano y bajarán de una manera precipitada las temperaturas. Especialmente en las casas que no están acondicionadas para el frío y la humedad resultan muy útiles las mantas eléctricas, de las que también podemos hacer uso cuando sentimos dolores articulares o musculares que requieran calor.

Sin embargo, las mantas eléctricas como cualquier otro electrodoméstico necesitan de un cierto mantenimiento, así como de tener en cuenta unas cuantas precauciones en cuanto a su uso. Por ejemplo, si ésta no tiene termostato tendremos que realizar esta función por nuestra cuenta, apagando la manta cada cierto tiempo y volviéndola a encender pasados unos minutos.

Esto es importante para evitar accidentes domésticos como quemaduras o incluso un incendio, ya que no debemos olvidar que cuando la manta está en funcionamiento no deja de estar conectada a la red eléctrica, por lo que un sobrecalentamiento puede ser peligroso. Su uso está indicado para que entremos en calor o para que calentemos la cama antes de acostarnos, no para usarla durante toda la noche.

Por otro lado, a la hora de ser guardadas las mantas eléctricas no pueden doblarse como las convencionales, ya que hay que tener cuidado de no dañar el sistema eléctrico que hay en su interior. Por otro lado, es recomendable adquirir siempre un modelo de calidad aunque nos cueste un poco más, y dirigirnos a un establecimiento especializado como una ortopedia o una parafarmacia.

Imagen: Toprural en flickr.com

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